27 de noviembre de 2015

Tejer el cuerpo


Del cuerpo para el cuerpo con el cuerpo desde el cuerpo y hasta el cuerpo.


Antonin Artaud.



Hay días en los que sólo quiero bailar.
Días en los que me salen flores hasta por las orejas
y gozo a carcajadas.
Últimamente mis caderas ya no se contoneaban,
mis pies no revoloteaban
y las luciérnagas en mi estómago perdían brillo.
Estaba asustada.

Tuve que hacer paradas obligatorias.
Volver al espacio que habito todos los días,
mi cuerpo.
Necesitaba brindarle tiempo,
escucharlo, apapacharlo, hacerlo feliz.
Recordarle que volviera a sentir,
dejar de guardar silencio,
quería volver a compartirme
pedir ayuda,
quería volver a sonreír.

Recordarle que para seguir luchando y bailando
tenía que respirar,
hacer pausas,
palpar la parte rota
sentir dónde dolía.

Me dolían las ausencias
de mi alegría
de mis movimientos libres
de mi baile
de mi sudor
de mi canto
de mi vaivén.

Hoy le regalo tiempo a mi cuerpo
para tejer todo lo que deseo de mí.
Porque con espacio y tiempo compartido
se hace comunidad,
eso me lo dijo Sofía.
Hoy me tejo lento,
sin prisa

me tejo padentro.



Ana Teresa Barboza

10 de abril de 2015

“Yo conozco tu locura porque también es la mía”

“Yo conozco tu locura porque también es la mía”
Gracias Rosa María Roffiel.
Por resistir transformando.
Por transformar creando.



Somos parte de las sobrevivientes,
Somos las que no estamos dispuestas a perdernos,
Las que cuidamos de nosotras,
Las que cuidamos la vida que negamos dejar,
Las que no nos olvidamos.

Locas, iracundas, y rabiosas,
Somos el aquelarre que se niega a cerrar los ojos o callar la boca,
Amazonas sin bozal,
Hablándonos y escuchándonos en el descontrol y extrañamiento,
En la distancia.

Mujeres que nos pensamos,
Mujeres que nos nombramos y acompañamos.

Somos las que a diario libramos una batalla,
Afuera y adentro,
Locas que peleamos con los monstruos que tenemos clavados bien adentro,
Locas solas, locas acompañadas,
Ni estables ni eternas.

Mujeres fuertes,
Mujeres que siempre encuentran,
Mujeres que hacen y deshacen. 
Eve Alcalá González
México, 2015.



Sobreviviente, Ili. Mazunte, 2007.



<<Sobrevivientes>>

Yo conozco tu locura porque también es la mía.
Somos locas rebeldes,
locas de estar vivas,
locas maravillosas,
estrafalarias, floridas.
Ovejas negras
descarriadas sin remedio,
vergüenza de la familia,
piezas de seda fina,
amazonas del asfalto,
guerrilleras de la vida.
Locas de mil edades
llenas de rabia y gritos,
buscadoras de verdades,
locas fuertes,
poderosas,
locas tiernas,
vulnerables.
Cada día una batalla,
una norma que rompemos,
un milagro que creamos,
para poder seguir siendo.
Locas solas,
tristes,
plenas.
Mujeres locas, intensas, 
locas mujeres ciertas.
Rosa María Roffiel
(México, 1945)


24 de octubre de 2014

Contramapeando a la familia, de la serie El lugar de las batallas.


Tomé sus memorias extraíbles, sus reliquias, sus recuerdos. Ahora comprendo la batalla que libran cada uno de sus cuerpos, y mientras tanto, pienso en las múltiples historias que me recuento.
A mi satélite, a quien sigo descifrando.
A mi estrella guerrera, llena de energía.
Somos tres en orbita, tres cuerpos de un sistema solar.



Postal 1

Cada una de estas tarjetas de cumpleaños las tengo guardadas, son unas reliquias para mí. Por si no te habías dado cuenta sólo te permitías decirme que me amabas el día de mi cumpleaños o en año nuevo. Sólo ese día tu cuerpo, tus brazos, tu boca, se permitían ser suaves. ¿te has preguntado cuánto pierdes por tratar de hacerte hombre?
Yo prefiero usar todo mi cuerpo para expresar esas dos palabras. 




Postal 2

Ari, tú no lo sabes, pero tu esposo te tiene encapsulada. En esta foto que tomé puedes ver que un pedacito de todo lo que tú eres lo guarda para sí como un tesoro. ¿qué veo ahí? Miro una mujer independiente, quien no tuvo problema en trabajar y ser la proveedora de la casa mientras tu esposo todavía estudiaba y yo, tu única hija era cuidada por Socorro, mi abuela.




Postal 3


Ese día celebrábamos los 15 años de Maru. Son acéfalos. No los recorté yo. Pero siempre fue así, siempre tuve que compartirlos. Nunca fui la única para ustedes, nunca los tuve sólo para mí. Creo que su ausencia me permitió verlos a la distancia y deconstruirlos. Hay actitudes y creencias de ambos que detesto y otras que abrazo. Agradezco el que nunca me hayan impuesto ideas.




Postal 4


Ahí estás Ari, y así como estás procuras ser siempre, una mujer libre, sin ataduras. A pesar de que creciste lavando y cocinando para tus hermanos, tu madre y tu padre, de que no terminaste la preparatoria porque te gustaba más estar echando cascarita en la duela de basquetbol. Aunque te criticaron por poner más atención y dedicación a tu chamba que tanto amabas que al cuidado de tu hija. Mujer valiente, de ti aprendí a elegir.




Postal 5
Estas somos mamá y yo. Arturo nos puso ahí. El sitio en donde estoy yo, en realidad está destinado para él. Esposa y esposo, unidos por esas argollas. Ari no cree en lo designado como lo propio de la mujer. Vendió su anillo de compromiso, quitó la fotografía enmarcada del día de su boda, decidió no lavarle ni plancharle a Arturo. Me identifico con su lucha, por despojarse de ese designio de mujer abnegada.
Ella, no se niega a sí misma. 




Postal 6

En esta foto tampoco apareces. Pero como siempre dejaste tu rastro. Nunca limitaste mis desplazamientos. Solo una vez me pegaste, y desde ese momento jamás volví a pedirte ayuda. Jamás volví a pedirte permiso para nada. 





Postal 7

Aquí estás en París. Fue un viaje largo. Llegaste maravillado pero nunca me contaste mucho de los lugares que conocías. Nunca hablamos mucho. Lo que sabes de mí lo sabes por mi madre. Siempre nuestra mediadora. Me gusta el hecho de ya no tener que recortarme para estar en tu vida.




5 de septiembre de 2014

El lugar de las batallas



El lugar de las batallas.


Pasé por muchas manos y pensamientos cuando apenas media unos 50 o 60 centímetros de largo. En su mayoría estas corporalidades encarnaban lo que todos a mi alrededor llamaban niña o mujer.

A ellas no les molestaba que mis rodillas siempre estuvieran sucias y raspadas; a mis manos les gustaba la textura de la pirinola, las canicas y con ellas arrastraba los carritos por los caminos de gis que pintaba en la azotea.

Ellas un día comprendieron que mi pecho detestaba ser sofocado por los cuellos con grandes olanes y que a mis piernas, ya regordetas, les picaba la crinolina de los vestidos ampones que tanto les gustaban.

Con el tiempo decían que siempre vestía sin que nada en mi combinara.

Nunca obligaron a mis manos a estar en la cocina y que éstas se acostumbraran a las quemaduras provocadas por el aceite incandescente.

Nunca le dijeron a mis piernas ciérralas.
Nunca le dijeron a mi boca cállate, aunque muchas veces no concordaran con lo que de ella salía.
Nunca me señalaron por tener un abdomen amplio y carnoso.

Con los años llegaron unas diminutas grietas irregulares cerca de mis ojos, mechones blancos en la cabeza y unos ojos que ya no alcanzaban a ver más allá de la nariz.

Aprendí a elegir. Aprendí a desplazarme con los otros cuerpos y conmigo misma.

Elegí recorrer las superficies que me conforman y saber qué me provocaba placer o dolor. Aprendí a decir no me gusta cómo se siente, prefiero esto…

Elegí inscribir improntas inyectadas de color en mis brazos, espalda y piernas porque significan quién soy y por qué soy como soy. Elegí recordármelo todos los días, sin importar que por ello me tacharan de vándala, loca, perdida o machorra. Aprendí a no ser bonita.

Elegí desplazarme e irrumpir en espacios construidos y destinados para los hombres; y mis puños sintieron el peso de los guantes de box, sintieron la libertad de golpear y defenderse, ahí, mis pies aprendieron a bailar y a esquivar.

Aprendí a elegir y eso me permitió reconocerme, sentirme, confrontarme, padecerme, aceptarme y amarme.

Aprendí el significado de lo que represento, me llaman cuerpo.

25 de agosto de 2014

Lo que tenemos y lo que deseamos. De la serie ● Anatomía de un satélite ● ●

Siempre compartidos. 1993, Archivo fotográfico de mi satélite.


Él no puede contarles quién soy yo, tampoco podrá explicarles el por qué de cada una de las cicatrices inyectadas de múltiples colores que se dibujan sobre mi cuerpo y que me definen.
Dudo mucho que él sepa contarles la historia que alberga cada una de esas huellas. Mi madre, una de mis mejores amigas, quizá pueda decirles quién es su hija.
Él fue privado de compartir sus experiencias y sentimientos como hijo, padre, esposo, amigo, ingeniero, amante del balompié. Fue enseñado, programado, para desarticularse de su cuerpo y de las sensaciones que éste pudiera sentir al momento de ver llorar a su hija o al momento de ver sufrir a su esposa.
La única forma en que este satélite, como lo nombro desde hace algunos años, sabe relacionarse y así reconocerse como ser humano, es a partir de su desprendimiento de la sustancia que alberga en nuestros cuerpos llamada ternura y de la adopción de una píldora suministrada llamada valentía.
P.D. Por favor, no te mueras por tratar de ser "hombre". 



7 de julio de 2014

Sonrisa tropical, de la serie "Postales sonoras"


Sonrisa tropical
@evekamikaze
Diseño de audio:@audiobrain

Llegué aquí a causa de una deriva, la cual pudiera parecerle a muchos un sueño. Algunos me llaman bruja, algunos otros loca, no todos creen cómo llegué hasta este pedacito de tierra en donde el mar, afortunadamente, no es un gran copo de nieve.

Mientras estaba tumbada entre los bloques gélidos, un rayo partió la gran placa en la que viajaba, y ahí, a lo lejos, vi a aquella mujer con ojos grandes y rasgados, su piel era diferente a la mía, era húmeda y color canela; entre sus manos sostenía un caracol en el ombligo de su oreja, paralizada podía leer lo que sus labios carnosos me susurraban a la distancia.



<<No temas al naufragio

  El retorno no es seguro

  Allá no hay campos de hielo,

  Trépate a un témpano, e imagina qué hay detrás de esta constante obscuridad

  Llegarás a donde el sol sí se esconde tras el mar y no porque esté cansado

  Donde ver el horizonte es un acto de magia>>

El caracol, soplaba.

El agua tibia tocaba mis pies, y la sangre entre las garras había desaparecido, el frío no podía ya tocarme. La luna color miel encendía la sábana apaciguada, caminé un rato por la orilla. Mi piel estaba mojada, el sabor del viento era salado, por fin, mi sonrisa tenía la temperatura perfecta, tropical.

28 de noviembre de 2013

Salto al vacío

Yves Klein, Saut dans le vide. 1960.






De todos los que han decidido saltar desde mis bordes éste es el único sujeto que me ha pisado calzado. El resto que ha decidido renunciar a mis límites lo ha hecho descalzo. Cuando el trajeado voló sólo alcancé a leer el nombre Socorro en la suela de sus zapatos.



Ejercicio mediante restricciones:
1.  Escribir sólo un párrafo
2.  Tomar el punto de vista de un objeto inanimado
3.  En primera persona
4.  Evitar cualquier señal de emotividad o sentimientos. Utilizar un lenguaje frío o distante.
 
Punto de vista: La cornisa



30 de septiembre de 2013

Diagnóstico médico



Amanda y su baño de sol. Septiembre 2013.

!Jab, uper, jab! Tremendo encontronazo recibió el púgil cuando llegó al zaguán del palomar y no guacheó a su Amanda.  Tal desazón lo llevó a buscar la cura para la inhumación que había sufrido. El diagnóstico fue contundente:
Querido luchador a pesar de haber esquivado los ganchos que sufrió su corazón, éste no pudo soportar el embate provocado por la pérdida de aquellas que oxigenaban su ring. Usted bajó la guardia y pasó por alto los puñetazos lanzados por su contrincante. La exhumación de Amanda fue su nocaut mandándolo a la lona. Le recomiendo salpimentar su vida con una pizca de mirra y caléndula, la herida, sanará pronto.

24 de marzo de 2013

● Anatomía de un satélite ● ●



Mamá encapsulada© Eve Alcalá


Cuando inicié esta búsqueda sabía que el naufragio era una posibilidad. Lo único de lo que ahora soy consciente es de mi gran necesidad por comprender qué nos pasó.

Mi padre no ha muerto. Sin embargo, siempre he tenido la sensación de que está ausente. Es un ingeniero electrónico mecánico, orgullosamente PUMA, un hombre metódico, lógico y adicto a los manuales con instrucciones precisas. Posee la manía de conservar ciertos objetos. Reliquias las llamaría yo. Arturo encapsula los vestigios de hechos pasados. Guarda su memoria a través de estos objetos que resguardan sus recuerdos.

Tuve el atrevimiento de hurgar en su memoria extraíble. He tomado sus reliquias mientras él está con vida porque creo que cuando el dueño de objetos con valor sentimental muere, éstos, adquieren otro significado. Sus cápsulas del tiempo han tomado vida. Me encuentro trazando la anatomía de un satélite. Mi padre, quien a la vez está y no está. Ahora cobra vida a través de su archivo. Él, aun no lo sabe.

He decidido continuar este viaje sin saber a dónde llegaré con exactitud; la garantía de reconciliación no está dada. Estoy convencida de que soy una obsesa de la memoria y de que sólo se puede conocer un poco más a otro ser humano en la medida en que él se quiera dar a conocer (ya lo dijo Auster mientras emprendió su búsqueda en La invención de la soledad). A pesar de la relación fría y distante que mantengo con mi satélite, sé que sus vestigios son una llave para abrir, recuperar, deconstruir, y reconstruir las puertas que atesoran un pedacito de nuestra historia. Es un reclamo. Un reclamo para entrar en la órbita que me quitaron.

26 de febrero de 2013

Petirrojo [de la serie Postales]

 
Vacíos en el aire© Eve Alcalá


Ahora que vuelvo a correr por las noches recuerdo que no lo hago para huir, lo hago por el placer que me causa desaparecer, por la sensación de despegar mis pies de la tierra por una fracción de segundo. Corro porque es en ese instante donde todo ocurre por segunda vez. Mi cabeza, mi cuerpo, mi memoria, ese espacio donde todo vuelve a suceder. Así me aferro a tu recuerdo bailarín. 
 

~
Petirrojo
No fue casualidad encontrar las tarjetas que tío Raúl nos regala año con año. A sus 73 años tiene la paciencia de ir a buscar un libro para cada uno de los retoños de sus dos hermanas más pequeñas. Entre ellos, yo.  Cada vez que viene de visita a la casa (lo cual ocurre cada vez menos) nos entrega el regalo envuelto en papel celofán azul, su color preferido. Dentro de los libros coloca tarjetas que él mismo escribe; desde los 10 años las colecciono, esos trocitos de papel percudido con pequeños fragmentos de su vida me hicieron comprender que el chiste de la vida está en encontrar y aprender lo más rápido posible lo que nos gusta, y disfrutarlo.

<<Corran por su vida>>, eso decía la tarjeta que encontré entre las páginas de un libro que cayó sobre mi cabeza mientras buscaba el pequeño botiquín. Hace ya varias semanas me había empeñado en correr con las agujetas desatadas. Desde chiquilla me decía que eso era de ñoños, traer los tenis limpios y las cintas bien atadas; pensaba que era aburrido. Uno debía arriesgarse, ser desenfadado, total, de un raspón no pasaría. Esa noche corrí lo más rápido que pude. En realidad lo había echo así desde hace un par de meses. Cuando subía los senderos y esquivaba las piedrecillas del camino un solo pensamiento rebotaba en las paredes mi cabeza, <<Dile que estás aburrida, que nomás eso no es lo tuyo>>. Esa noche sentí la ansiedad más abrumadora que haya experimentado mi cuerpo; la aceleración de mis pensamientos plagados de miedo no me permitieron darme cuenta de la travesura que cometerían las caprichosas agujetas.
Pasaba una mota de algodón con bastante alcohol sobre mi rodilla cuando sonó el teléfono. <<Un carro lo arrolló. Quién sabe si la libre>>, mamá no paraba de llorar, su hermano había caído, lo habían derribado.

Cuando llegamos al hospital sólo estaba Raquel, su esposa. Jamás le dije tía, siempre la creí malhumorada y nunca fue amable conmigo, en las cenas de Navidad siempre repartía grandes cantidades de camarones capeados a todos, menos a mí, siempre decía <<pero si estás muy regordeta, te hará bien cerrar un poquito el pico>>.
Tampoco en la vida comprendí por qué mi viejo Raúl siguió a su lado tantos años. El bailarín (así le decían en la colonia donde creció junto a mi madre, sus demás hermanos, y mis abuelos) pasó esa noche sin dar señales de mejoría. Al día siguiente regresé por la mañana al hospital; llevaba conmigo todas las tarjetas que me había regalado y un gran manojo de claveles rojos. Llegué muy temprano y rogué a las enfermeras me permitieran pasar a verlo un rato. Pensé que la chaparrita con cara de la Mole me mandaría por un tubo, no fue así. Me sonrió y yo dejé en su cubículo un clavel en señal de agradecimiento.

Ahí estaba, nuestro bailarín. Comenzaba a amanecer y la luz rebotaba sobre su cuerpo. A pesar de tantas heridas se veía fuerte. Mientras lo observaba recordaba los salones de baile donde me había llevado de chamaca. Una de sus más grandes pasiones había sido el baile, se meneaba con un sabor y cadencia inigualables. Le daba duro al mambo, al danzón y sobre todo al chachachá. Las mujeres hacían fila para menear su cuerpo al compás del suyo. Decía que cuando bailaba, sentía que volaba y que bailaría hasta morir. Yo sólo deseaba con todo mi corazón que abriera sus ojos, y así poder ver sus perlitas verdes.
Me senté a su lado y comencé a leerle cada una de las tarjetas. Me acerqué, y puse especial empeño en susurrarle al oído mis preferidas.

-Un hombre que se mantiene erguido y lucha por lo que cree, siempre será un ganador.
-Estoy convencido de que correr prolonga la vida. Nadie vuelve a ser el mismo.
-Los libros son el alimento del alma.
-Dices que no tienes tiempo. Que nunca has sido deportista. Que correr es aburrido. Que algún día lo harás. Créeme, pronto encontrarás tiempo para las enfermedades.
-Los corredores son mejores amantes.
-Correr es llegarse a conocer a uno mismo hasta el máximo grado.
-Si no sabes, pregunta, más vale ser pendejo un rato y no toda la vida. Pregúntame valedora.
-Mi vino, lo prefiero en la uva.
-Soy tan joven o tan viejo como yo quiero ser.

Mientras pronunciaba las últimas palabras pensé, <<Este condenado todavía me debe la historia de cómo conoció a Macedonia. Su pareja de baile por muchos años. Su cómplice, su amante, su bailarina favorita>>. Guardé las tarjetas en mi portafolio. Me incliné cerca de sus pocos hilos blancos, todavía aferrados a su loca cabecita y le susurré de nuevo <<Aguántese como los machos, aún nos falta echarnos ese chachachá con nuestros zapatos bien pulidos. Y esa carrerita bajo las faldas del Don Goyo que tanto te gusta. Hoy voy a renunciar al bufete de mi padre; no me hace nada feliz ser abogada>>. Acaricié las arrugas de su frente y salí.
Un par de horas después mamá me llamó al celular para darme una buena noticia. Raúl, había despertado. Me apresuré para decirle a Roberto, mi padre, acerca de mi decisión. Cuando me retiré de la firma de abogados también renuncié al apellido de aquel que se hacía llamar mi padre. Roberto pensaba que ser un proveedor significaba ser un buen papá.

Cuando llegué al pasillo donde se encontraba la habitación de mi viejo Raúl un silencio pavoroso inundaba el ambiente. Mamá salió del cuarto con una pequeña tarjeta percudida entre sus dedos. Me apretó el hombro y la puso en mis mano.

<<Sigue corriendo para escuchar el roce de las hojas bajo tus pies; deja que la lluvia se cuele entre tus largas pestañas; siente como tu cuerpo acoge los amaneceres. Sigue, todo será tan fácil como para un pájaro volar. Corre, es tu recompensa, corre, ahí encontrarás tus respuestas. Te quiero Lina>>.

Después de 15 años de la muerte de nuestro bailarín sigo creyendo que esa última tarjeta, con esa diminuta fracción de pensamiento es de las más luminosas. Tal claridad sólo pudo dársela la experiencia; estar consciente de que el trabajo más duro es perder el tiempo, le permitió darse cuenta de los beneficios. Él comenzó a ganar años, a ganar vida. Perdió sus límites. Él sigue conmigo, me acompaña todas los días mientras despego las suelas de los zapatos al anochecer. 

Más postales para recordar acá
Y por acullá
 

 

29 de enero de 2013

El Sunset Limited: No renuncie al desencanto





 
NEGRO: ¿No le ha ocurrido nunca que un día de repente todo sale como raro pero en el buen sentido de la palabra? ¿Qué todo es como si encajara?
BLANCO: No sé si comprendo.
NEGRO: Sí, hombre. Un día mágico, que se dice. Uno de esos días en que todo sale bien.
BLANCO: No lo sé. Puede. ¿Por qué?
NERGO: Estaba pensando si no habrá tenido una mala racha demasiado larga. Y al final se ha quedado con la idea de que el mundo es así.
BLANCO: Que el mundo es así.
NEGRO: Eso.
BLANCO: ¿Y cómo es el mundo?
NEGRO: No sé. Un sitio donde hay malas rachas. Lo que quería decir es que aunque a usted le parezca que el mundo es así tiene que comprender que el sol no siempre calienta el mismo culo ¿Me entiende, profesor?
BLANCO: Si insinúa que lo que pasa es que tengo un mal día, eso es ridículo.
NEGRO: No digo que tenga un mal día, profesor. Lo que creo es que tiene una mala vida.
BLANCO: Y le parece que debería cambiar de vida.
El Sunset Limited, Cormac McCarthy,2006.

Pareciera ser que en El Sunset Limited no hay esperanza alguna, sin embargo, tras a penas haber avanzado un par de cuartillas vino a mi cabeza la canción Little person, de Jon Brion. Raro y un poco contradictorio, pensé. En realidad las líneas de la canción son esperanzadoras. Una pequeña persona cree que algún día, en algún lugar, encontrará a otra pequeña persona que se percatará de su insignificante existencia y decidirá jugar, y permanecer con ella.
En El Sunset Limited se da de forma extraordinaria un encuentro (a mí parecer luminoso) entre Blanco, un profesor racional, a quien no le gusta la gente, abatido porque las cosas en las que él creía simplemente han perdido su valor y potencial suicida. Y por otro lado, Negro, un ex convicto quien cada vez que se levanta por la mañana procura agarrarse del cinturón de Jesús.
McCarthy consiguió darme en la madre con diálogos sencillos y punzantes, pero elocuentes. Mostrándome de nueva cuenta que nada en esta realidad/mundo, es totalmente blanco o negro.

Aunque nuestro deseo egoísta sea nunca ser encontrados y salvados, siempre existirán pequeñas personas que quieran hallar. Sólo es cuestión de querer escucharnos y engullirnos entre las azotadoras olas del inmenso mar. Adentrarse a esta obra es un naufragio seguro y ampliamente recomendable. Procuren tener una buena dotación de galletas de animalito para intentar cortar su venas.




*Una postal donde se muestra el Pride of Texas Coffee Shop-Lounge, un espacio dentro de El Sunset Limited, el tren que espera a un sinfín de peregrinos depresivos suicidas*. 

Si usted desea encontrar otro tipo de locos incomprendidos pinche por acá